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Mujeres de la Pascua: Maria López Vigil y Lucha Castro

Tengo la suerte de que la vida es generosa siempre conmigo, me regala encuentros con personas, especialmente mujeres, que me remiten siempre a la utopía y a la esperanza. No a utopías ingenuas ni etéreas, sino a utopías embarradas que transforman la vida propia y las ajenas, en medio de los claroscuros de los procesos históricos. Recientemente me ha sucedido de nuevo. Yo las llamo Mujeres de la Pascua.


Hace un mes tuve la suerte de reencontrarme con María López Vigil, una de las mujeres referentes desde mi juventud: María López Vigil, revolucionaria en la década de los 80 en Nicaragua, teóloga del pueblo, periodista, autora de Un tal Jesús, Otros Dios es posible, Piezas para un retrato -desde mi punto de vista, el mejor libro que se ha escrito sobre Monseñor Romero.


Feminista arriesgada que denunció el machismo de los revolucionarios como uno de los grandes fracasos del sandinismo ya en los 90 en textos tan potentes como el siguiente, del libro Autocrítica:


“En todos los esfuerzos revolucionarios las mujeres se hicieron más cargo del espacio público que los hombres del espacio privado. Las mujeres se apropiaron con más entusiasmo de sus deberes con la sociedad que con sus derechos plenos y así el terreno que quedó más intocado fue el de lo privado.La lucha por la justicia y por la dignidad que vanguardizaron los hombres apenas penetró por las puertas de los hogares, donde siguió reinando la violencia machista y el abuso sexual, que es siempre abuso de poder.


Mientras en las calles y en las montañas los revolucionarios combatían las dictaduras, en sus casas imperaban el patriarcado. Estamos en deudas con millones de mujeres marginadas por el machismo de nuestros revolucionarios. Es una deuda pasada que puede y debe ser saldada. La opción preferencial por las mujeres es urgente, no porque sean mejores sino porque son y han sido subordinadas y empobrecidas”.


María fue y sigue siendo una voz profética en América Latina y por serlo hoy reside en Granada, acogida y dejándose cuidar por una red de amigos y amigas junto con otras mujeres obligadas al exilio. Mantiene el vigor de su pensamiento crítico anti-imperialista y anti-colonial, así como el convencimiento de que el cristianismo tiene que ser revolucionario y feminista, si no quiere renunciar a lo más auténtico de sí mismo.


En nuestra conversación hablamos de uno de sus libros menos conocidos en España: Frente a frente, San Pablo apóstol y María Magdalena, la que conoció a Jesús. Su libro más feminista y en el que propone con urgencia recuperar a Jesús de Nazaret más que al Cristo. Conversar con ella remite a la sabiduría de resistencia del Evangelio y su propuesta de radicalidad que tanto necesitamos.


También estos días la vida me regaló una conversación con otra extraordinaria mujer activista y teóloga de América Latina: la mexicana Lucha Castro, referente del ejercicio de la justicia desde una perspectiva feminista.

En los 90, Lucha se incorporó al movimiento barzonista integrado por campesinos y mujeres de las clases medias a las que les eran arrebatadas su tierra y sus viviendas a consecuencias de las políticas neoliberales.


Desde este movimiento Lucha resignificó la parábola del buen samaritano con perspectiva feminista desde la pregunta ¿Quién es mi prójima? y el convencimiento que ninguna mujer podía ser vulnerada ni en su dignidad ni en sus derechos, y ser expulsada a la cuneta de la vida.


La reivindicación de solución y no represión le llevó a Lucha y a sus compañeras a enfrentar, desde la resistencia y no violencia activa, la violencia del Estado, por lo que estuvo varias veces detenida y fue expulsada del seminario donde trabajaba como profesora de teología.


Años más tarde, cuando empezaron a aparecer cadáveres de mujeres sin pezones en el desierto próximo a Ciudad Juárez, Lucha se involucró en la investigación y la denuncia de los feminicidios. Lo hizo desde un triple enfoque singular y profético: el ejercicio del derecho en los tribunales mexicanos, apoyada en la coadyuvancia.


Es decir, una postura activa y aplicativa de las víctimas en el proceso legal, y a la vez desde el activismo y la movilización creativa de las mujeres en las calles y la incorporación en estas protestas de la fuerza de la simbología religiosa cristiana, que constituía un elemento importante para todas las madres buscadoras de sus hijas.


Un ejemplo de ello fue la organización de caminatas atravesando el desierto de Chihuahua con cruces con los nombres de sus hijas desaparecidas o violadas, terminando con la escenificación de un panteón de mujeres frente al Palacio del Gobierno mexicano, con una liturgia reivindicativa y espiritual reclamando sus vidas y sus cuerpos y exigiendo poner fin a los feminicidios.


Pero Lucha no es solo una mujer muy comprometida socialmente, sino que ha compaginado su vocación social con la de ser madre y esposa. Por eso, al hablar de ello le tiembla la voz y reconoce cómo sus opciones han atravesado y atraviesan también la vida de su familia y los riesgos que han corrido juntos.


Fundadora del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres, recuerda tantas veces como se ha visto obligada a hablar en clave con sus hijos por cuestiones de seguridad. La familia ha sido siempre para ella un importante apoyo en situaciones críticas, sobre todo cuando estuvo presa, fue amenazada de muerte o se vio obligada a salir del país, escondida en el maletero de un coche, sin más equipaje que una biblia, convencida que el cristianismo ha de ser creíble.


Hoy Lucha vive en Barcelona con su marido, enfrentando la batalla contra el cáncer con serenidad y confianza, aprovechando y agradeciendo las oportunidades que la vida le ha ofrecido y ofrece. Se ha incorporado al colectivo de feministas cristianas Alcem la Veu, y está especialmente involucrada en la lucha contra los abusos a mujeres en la Iglesia. Es una gran conversadora que alienta la esperanza y las luchas de las mujeres hasta poner fin a la violencia y la pobreza de género. La escritura se ha convertido ahora en su arma de agitación y lucha.


Maria López Vigil y Lucha Castro nos recuerdan esta Pascua que el Evangelio es hoy, el Evangelio es ahora.

Pepa Torres | Teóloga y religiosa Apostólica del Sagrado Corazón de Jesús, vive en una comunidad intercongregacional en el madrileño barrio de Lavapiés. Allí apoya los movimientos sociales y la defensa de los derechos humanos, especialmente desde la Red Interlavapiés. Escribe en alandar la sección «Hay vida más allá de la crisis».

Opinión publicada originalmente en Alandar

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