Leonel Argüello Yrigoyen, médico epidemiólogo
Cuando pensamos en el corazón, imaginamos al órgano que late en el pecho y mantiene viva la circulación. Pero las pantorrillas funcionan como un “segundo corazón”.
Los músculos de las piernas —especialmente los gemelos y el sóleo— actúan como una bomba venosa que impulsa la sangre de regreso al corazón. Cada vez que caminamos, subimos escaleras o simplemente movemos los pies, estos músculos se contraen y comprimen las venas profundas, empujando la sangre hacia arriba, contra la gravedad. Las válvulas venosas evitan que la sangre retroceda.
El corazón puede bombear por sí solo la sangre de retorno. Pero al estar de pie o al caminar, hasta un 60–70 % del retorno venoso desde las piernas depende de la bomba muscular de la pantorrilla.
Sin este mecanismo, la sangre se estanca en los miembros inferiores, aumenta la presión venosa y aparecen hinchazón (edema), pesadez y dolor en las piernas, várices, cambios en la piel (oscurecimiento, endurecimiento), úlceras venosas y riesgo de trombosis venosa o de coágulos que pueden obstruir la circulación.
En personas inmóviles, encamadas o con debilidad muscular, el sistema colapsa: la sangre se “queda abajo”. Además, el retorno venoso ineficiente reduce el volumen de sangre que llega al corazón, lo que puede favorecer la fatiga, los mareos al ponerse de pie y una menor tolerancia al esfuerzo.
Desde la infancia y la adolescencia, cuando se construye la masa muscular y se forman hábitos de movimiento, debemos fortalecerlos. Sin embargo, hoy muchos niños y jóvenes pasan horas sentados frente a pantallas, lo que debilita precozmente esta bomba natural. En la adultez temprana aún es fácil desarrollarla con ejercicio regular.
En la mediana edad y la vejez, fortalecerla ya no es solo prevención, sino también protección circulatoria. A partir de los 40–50 años, disminuye la masa muscular (sarcopenia), las válvulas venosas pierden eficiencia, aumenta el sedentarismo y aparecen factores de riesgo, como el sobrepeso, la hipertensión y la diabetes. Es en esta etapa cuando el “segundo corazón” empieza a fallar si no se le entrena.
¿Cómo fortalecer el segundo corazón? Caminar diariamente, como mínimo 30 minutos, es el ejercicio más fisiológico para la bomba venosa. Ejercicios simples de pantorrilla, como elevarse sobre las puntas de los pies 15–20 veces, 2–3 series al día. Hacerlo de pie, sosteniéndose en una pared o en una silla. También puede hacerse sentado, elevando los talones. Si trabaja sentado, levántese cada 30–60 minutos. Camine 2–3 minutos. Mueva los tobillos en círculos. Muévase frecuentemente. Las actividades ideales son caminar rápido, subir escaleras, andar en bicicleta, nadar y bailar.
En personas con insuficiencia venosa, usar medias de compresión graduada, controlar el peso corporal, evitar permanecer inmóviles por mucho tiempo y elevar las piernas al descansar.
El “segundo corazón” no late, pero trabaja sin descanso cada vez que usted se mueve. Cuidarlo es una forma simple y poderosa de proteger su circulación, su energía diaria y su calidad de vida. Y recuerde que caminar no es solo moverse, es activar un corazón extra que vive en sus piernas.